El secretario de Ambiente, Juan Carlos Scotto, se reunió con representantes del Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Provincia, y miembros del Centro Científico Tecnológico Conicet Córdoba con el objetivo de avanzar con la aplicación del Protocolo de Nagoya en el territorio provincial.

Como su nombre lo sugiere, este protocolo científico fue adoptado en Nagoya (Japón), en octubre de 2010 durante la décima “Conferencia de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica”, y al que Argentina adhirió en 2015. Refiere a un acuerdo internacional sobre los permisos de acceso a recursos genéticos y la participación justa y equitativa en los beneficios económicos o no económicos que puedan derivar de su utilización.

Con la implementación de este protocolo, cada investigador que desee colectar y utilizar con diferentes fines muestras biológicas en algún punto de la provincia deberá respetar obligaciones fundamentales. En tanto, sobre la necesidad de impulsar normativas y metodologías que faciliten su aplicación, Scotto expresó: “La exigencia y el cumplimiento de determinadas medidas permite conservar nuestros recursos biológicos y regular en caso de una posible trasferencia tecnológica originada de nuestro recurso genético”.

Y agregó: “Generalmente los casos de biopiratería, en los que países desarrollados estudian recursos biológicos de países menos desarrollados y con mayor concentración de biodiversidad, finalizan en productos o avances que luego se venden con éxito en el mundo, lejos de los sitios de origen donde esos recursos fueron investigados o extraídos. Este protocolo viene a proteger la propiedad intelectual, los conocimientos tradicionales y la información genética de nuestra diversidad natural”.

Las autoridades de Ambiente, junto a integrantes del área de Asuntos Legales, Recursos Naturales y científicos locales trabajarán en el mencionado instrumento internacional con el propósito de que Córdoba asuma el compromiso de cumplir con las obligaciones que se desprenden del Protocolo.

Cabe destacar que el Protocolo de Nagoya también crea incentivos para la conservación y utilización sostenible de los recursos genéticos, y por lo tanto mejora la contribución de la diversidad biológica al desarrollo y bienestar humano.